
Las bodegas del Museo del Prado han sido el escenario de uno
de los más importantes descubrimientos de la Historia del Arte: los
conservadores de la pinacoteca han hallado en sus fondos una réplica de la Gioconda de Leonardo da
Vinci, pintada por uno de sus pupilos favoritos, probablemente Andrea Salai
(que a la postre se convertiría en uno de los amantes del maestro) o Francesco
Melzi. Los expertos del Prado han empleado varios meses en estudiar, limpiar y
quitar el oscuro barniz que cubría la tabla. Lo que durante muchos años fue
considerado en el seno del Prado como una copia más –y bastante banal- del
retrato más célebre del arte mundial ha acabado siendo catalogado como una
verdadera bomba. Tanto los máximos expertos del Prado como los del Museo del
Louvre han aceptado ya el carácter oficial del hallazgo, y han subrayado la importancia del mismo. La obra será cedida temporalmente a sus colegas del museo
parisiense por por los responsables del
Prado. Allí será exhibida en la
misma galería donde se encuentra la
Gioconda , la obra más visitada del Louvre.