En la noche del 22 al 23 de agosto de 1936, Manuel Azaña y su amigo y abogado Ángel Ossorio mantuvieron una larga y dramática conversación en el Palacio Nacional. Habían llegado a Palacio las noticias de las atrocidades cometidas por milicianos en el asalto a la cárcel Modelo de Madrid, donde fueron abatidos o fusilados varias decenas de presos, entre otros Melquíades Álvarez, antiguo jefe político de Azaña en el Partido Reformista. Azaña no puede soportar el duelo inmenso por la República, la insondable tristeza que le produce la matanza y siente veleidades de dimisión. Ossorio, que ha sido llamado por Cipriano de Rivas, cuñado del presidente, intenta tranquilizarlo recurriendo a un argumento que irrita a su amigo, pero que acaba por calmar su ansiedad: las muertes de aquellas personas, muchas de ellas encarceladas con el único propósito de garantizar su seguridad, entraban en la "lógica de la historia".
Esa conversación, que Azaña reproducirá en su diario y en La velada en Benicarló, condensa como ninguna otra el drama político y de conciencia vivido por un puñado de republicanos -y por algunos socialistas- ante la enormidad de los crímenes cometidos en los territorios que habían quedado bajo autoridad nominal del Gobierno legítimo. Lo vivían, ese drama, quienes, sabiendo de los crímenes y sintiendo repugnancia por tanta sangre derramada, decidieron mantenerse leales a la República. No se lo plantearon los que mataban, que consideraban la muerte de los representantes del viejo orden social como una exigencia de la revolución; tampoco quienes, sin matar, los justificaban por alguna necesidad histórica o porque antes de la revolución fue la rebelión, como el católico y jurista Ossorio; ni, en fin, quienes apoyándose en su comisión se apresuraron a poner tierra por medio para refugiarse en una tercera España que se pretendía neutral y se constituía, en París, como reserva de futuro.
De modo que el debate sobre la naturaleza y alcance de los crímenes cometidos en territorio de la República como consecuencia inmediata de la rebelión militar es tan viejo como aquellas semanas de julio y ha suscitado no solo apasionados enfrentamientos, sino grandes obras literarias, como el paseo por Madrid del profesor particular de filosofía Hamlet García, un álter ego de Paulino Masip; o la atormentada angustia de un joven juez durante los Días de llamas, de Juan Iturralde; o los cortos, magistrales, relatos de Manuel Chaves Nogales. Tal vez si nos situáramos en esa larga y honda corriente y abandonáramos la vana pretensión de decir algo grande y definitivo -esa "puñetera verdad" a la que se refiere Javier Cercas- que no se haya dicho ya mil veces sobre nuestro horrible pasado, evocaríamos los crímenes entonces cometidos en zona republicana como una tragedia por la que todos tendríamos que hacer duelo. Porque el duelo del que hablaba Azaña obedecía a la evidencia -insoportable para quienes esperaron algún día que la República significara el amanecer de un nuevo tiempo-, de que esas matanzas nada tenían que ver con su defensa ni con los valores por ella representados, sino con el comienzo de una revolución social que, entre otras catástrofes como acelerar la derrota, significaría, de triunfar, el fin de la misma República. Cuando se comparan los crímenes de los rebeldes con los de los leales, al modo en que Ossorio se lo decía a Azaña: ellos comenzaron; o se insiste en que fueron menos: ellos matan más; o se reducen a desmanes de incontrolados: ellos planifican; lo que se olvida es que esos crímenes obedecieron a una lógica propia, reiteradamente publicitada desde discursos de líderes anarquistas, comunistas y socialistas, repetidos cada vez que se cometía un crimen masivo: que era preciso destruir desde la raíz el viejo mundo, prender fuego a sus símbolos y proceder a la limpieza de sus representantes.
De esta suerte, muchos miles de asesinados en las semanas de revolución no lo fueron por franquistas ni por apoyar a los rebeldes: de lo primero no tuvieron tiempo ni de lo segundo, ocasión. Murieron porque quienes los mataron creían que una verdadera revolución -que es una conquista violenta de poder político y social- solo puede avanzar amontonando cadáveres y cenizas en su camino. Fue en ese marco y movidos por estas ideologías y estrategias por lo que se cometieron en territorio de la República, durante los primeros meses de la guerra, crímenes en cantidades no muy diferentes y con idéntico propósito que en el territorio controlado por los rebeldes: la conquista, por medio del exterminio del enemigo, de todo el poder en el campo, en el pueblo, en la ciudad. Luego, desde los hechos de mayo de 1937 en Barcelona, la guerra continuó, la República consiguió rehacer un ejército y un mínimo aparato de Estado y, aunque no se puso fin a las ejecuciones sumarias, al menos se controlaron las matanzas.
Solo ahí comienza la verdadera diferencia en la que tanto insisten quienes califican de desmanes los crímenes de unos y de genocidio o crimen contra la humanidad los de otros. La diferencia consiste en que, a pesar de su rearme, la República no logró conquistar nuevos territorios, y dentro del suyo la limpieza ya había cumplido la tarea que se le había asignado sin que la revolución social hubiera culminado como revolución política: en un territorio progresivamente reducido era inútil -y ya no había a quién- seguir matando a mansalva, como en las primeras semanas de la revolución. Los rebeldes, sin embargo, cada vez que ocupaban un pueblo, una ciudad, proseguían la implacable y metódica política de limpieza valiéndose de la maquinaria burocrático-militar de los consejos de guerra. Eso fue lo que cavó un abismo entre la rebelión triunfante y la República derrotada, un abismo en el que sucumbieron otros 50.000 españoles fusilados tras inicuos consejos de guerra una vez la guerra terminó.
Uno de los vencedores, Dionisio Ridruejo, definió hace ya varias décadas la política de limpieza realizada por su propio bando como una operación perfecta de extirpación de las fuerzas políticas que habían patrocinado y sostenido la República y representaban corrientes sociales avanzadas o movimientos de opinión democrática y liberal. Una represión, escribía Ridruejo, dirigida a establecer por tiempo indefinido la discriminación entre vencedores y vencidos. ¿Cómo se podía derribar esa barrera divisoria, cómo se podía iniciar un proceso que clausurara esa discriminación? La historia se ha contado ya mil veces: no existía posibilidad de reconstruir la mínima comunidad moral en que consiste cualquier Estado democrático si gentes procedentes de los dos lados de la barrera no establecían una corriente en ambas direcciones para sentarse en torno a una misma mesa, hablar, negociar y llegar a algún acuerdo sobre el futuro.
Y eso empezó a ocurrir, en España y en el exilio, desde los contactos de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas y del PSOE con la Confederación Monárquica al final de la II Guerra Mundial, y siguió con los encuentros de hijos de vencedores y vencidos en las universidades desde mediados los años cincuenta, con la política de reconciliación aprobada por el Partido Comunista en junio de 1956, con el coloquio de Múnich de 1962, con las reuniones de las comisiones obreras -entonces todavía con artículo y minúsculas- y de movimientos ciudadanos en locales facilitados por parroquias y conventos, con las iniciativas de diálogo y colaboración entre comunistas y católicos en los años sesenta y las Juntas Democráticas de los setenta. En todos estos encuentros se trataba de mirar al futuro sin dejarse atrapar por la sangre derramada en el pasado, de hablar por eso un lenguaje de democracia que daba por clausurada la Guerra Civil o, para decirlo como entonces se decía, que consideraba la Guerra Civil como pasado, como historia, no como algo presente que pudiera determinar el futuro.
Esta visión, y las consecuencias políticas de ella resultantes, es lo que está a punto de ser arrojada al basurero de la historia con la creciente argentinización de nuestra mirada al pasado y la demanda de justicia transicional 35 años después de la muerte de Franco. Denostada hoy como mito y mentira, la Transición fue el resultado de una larga historia española iniciada por un sector de quienes fueron jóvenes en la guerra y continuada por un puñado de quienes fueron niños en la posguerra. No es una historia de miedo ni de aversión al riesgo; consistió más bien en mirar adelante, recusando la herencia recibida, y no a los lados, desde donde no se esperaba ningún impulso democratizador. Esas gentes construyeron una democracia -imperfecta, deficitaria, como todas- sobre una experiencia política de diálogo y reconciliación en la que nadie pretendió defender las razones que pudieran haber asistido a sus padres cuando empuñaron las armas. Si cada cual, a la muerte de Franco, hubiera puesto encima de la mesa su puñetera verdad, es posible que todos nos hubiéramos ido a hacer puñetas dejando como única herencia el lamento por otra gran ocasión perdida.
viernes, 25 de junio de 2010
Duelo por la República Española
martes, 27 de abril de 2010
A l'estiu del 1936 es van executar 6.000 persones a la rereguarda republicana
| Miquel Mir, historiador: "de juliol a setembre del 36 es van executar 6.000 persones" |
L'historiador Miquel Mir publica El preu de la traïció (Pòrtic) sobre l'assassinat de més de 170 maristes a Barcelona durant la Guerra Civil. En aquesta entrevista explica com a l'estiu del 36 van executar 6.000 persones a la rereguarda republicana, 40 cadàvers per dia. La Generalitat n'estava al corrent.
La FAI, com explica al seu llibre, va arribar a un acord amb la Congregació Marista per perdonar la vida dels maristes amagats a tot Catalunya a canvi de 200.000 francs francesos, però al final van trencar el tracte. "A Tarradellas -afegeix- se li'n va anar de les mans aquest assassinat". "Dos dies després de l'execució de 46 d'ells li van preguntar sobre el tema i només va respondre: sense novetat a Barcelona".
Només al cementiri de Montcada i Reixac es van trobar, després de la Guerra 1.100 cossos i al de Cerdanyol 300, però molts els van fer desaparèixer a la fàbrica de ciment de Montacada. "Els tornaven a carregar al camió i els portaven a la cimentera", explica.
domingo, 25 de abril de 2010
Enterrar a los muertos, Joaquín Leguina
El escaso desarrollo de la Ley de Memoria Histórica y el procesamiento contra el juez Garzón dividen a la sociedad española. Pero no hay que dejarse confundir por ideas sectarias y maniqueas.
Todo ser humano -héroe o villano, decente o criminal- tiene derecho al duelo por parte de aquellos que lo amaron en vida. Y ese duelo exige la presencia del cadáver con el fin de poder enterrar dignamente los restos del difunto.
Esa demanda, la del duelo, se transmite de padres a hijos. Así se constata en el caso de las fosas dejadas en campos y cunetas por la represión franquista. Han sido los nietos de los muertos quienes han reclamado -y reclaman- un entierro decente para sus abuelos. Este era -a mi juicio- el principal objetivo de la Ley de Memoria Histórica. Pero ¿qué ha hecho el Gobierno para cumplir esta ley desde que se aprobó? Si hemos de atender a lo que dicen los parientes de los muertos, el Gobierno ha hecho muy poco. Quizá por eso algunos deudos fueron a llamar a la puerta de Baltasar Garzón, quien, creyéndose competente para el caso, acabó por meterse en un lío de incierto destino.
Mas, sea como sea, este barullo judicial ha servido para colar algunos mensajes de muy dudosa calidad.
Mensaje nº 1: La Ley de Amnistía -como toda la Transición- fue hecha bajo presión, debido al miedo que producía el ruido de sables. Más que amnistía fue amnesia lo que se impuso.
Esto es falso y además encierra una calumnia contra quienes se pusieron de acuerdo en traer la democracia a España y para ello prepararon una Constitución consensuada. No fueron cobardes, sino generosos.
El proceso necesitaba de la previa reconciliación, por eso -y sólo para eso- se votó la Ley de Amnistía, cuya vigencia se pretende ahora negar echando mano de las normas del Derecho Penal internacional que declaran imprescriptibles los crímenes contra la Humanidad. Normas éstas que, según los especialistas consultados, no invalidan en nada la Ley de Amnistía de 1977.
En efecto, el único texto vinculante en materia de crímenes contra la Humanidad está en el convenio que se elaboró y aprobó en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas (Resolución 2391 -XXIII- de 26 de noviembre de 1968), que no contiene codificación alguna de normas de Derecho Internacional. Es un tratado-ley que sólo obliga a los Estados ratificantes, que han sido apenas una cincuentena, entre los que no está España ni Estados Unidos ni países importantes de la Unión Europea. Por lo tanto, la ley española de amnistía no se opuso a ninguna otra norma de origen internacional que la contradijese.
Por otro lado, el tratado por el que se instituyó el Estatuto de la Corte Penal Internacional establece en su artículo 11 que esa Corte sólo tendrá competencia respecto de crímenes cometidos después de su entrada en vigor, lo cual deja fuera los crímenes del franquismo y también, por cierto, aquellos que pudieran haber cometido -permitido- las autoridades republicanas.
En cualquier caso, ha quedado bien claro que en los dos bandos se practicó una enfurecida "limpieza étnica".
Y aquí llega el segundo mensaje perverso:
Mensaje nº 2: Los asesinados en la retaguardia republicana ya fueron "honrados" y sus victimarios perseguidos por el franquismo. Los únicos que ahora deben ser "honrados" -y sus asesinos juzgados- son los represaliados por el franquismo.
Lo que se consigue con un mensaje tan sectario es perpetuar la división. Precisamente todo lo contrario de lo que una persona bien nacida debiera desear. En efecto, lo que se debiera hacer es precisamente lo contrario, es decir, ampliar el mutuo perdón y hacer que todos los muertos -todos- sean también de todos. Que quienes cayeron bajo la represión en la retaguardia republicana no por cometer algún delito sino por ser (ser cura, ser militar, ser noble, ser rico, ser de derechas...) sean reivindicados por las gentes de la izquierda, y los asesinados por los franquistas sin haber cometido delito alguno, simplemente, ellos también, por ser (ser sindicalista, ser republicano, ser socialista, ser comunista...) deben ser reivindicados por las gentes de la derecha. ¿Con qué fin? Simplemente, para poder decir todos juntos: ¡Nunca más!
Mensaje nº 3: Todos los represaliados por el franquismo son héroes de la democracia y de la libertad.
Los ganadores de la guerra civil sostuvieron durante los años de la dictadura que "sus" muertos (1936-1939) en el frente o bajo la represión en los territorios fieles al Gobierno republicano eran "mártires de la Cruzada", afirmación que está tan lejos de la verdad como cerca de la propaganda.
Ahora, con parecido entusiasmo, se pretende que todos los enemigos del franquismo que fueron represaliados durante aquella interminable dictadura fueron "héroes de la Democracia".
Esta es, también, una afirmación sectaria, y por eso debe ser negada. Lo haré a continuación, a sabiendas del riesgo que corro con ello.
Vivir durante la guerra en la retaguardia republicana -nadie que se haya ocupado de ese asunto lo negará- representó para mucha gente un auténtico infierno de persecución y de muerte. Bastaría la lectura de la gran novela de Juan Iturralde, Días de llamas, para ilustrarlo. Y esa novela me lleva a un personaje -ligado a la UGT y al PSOE- que resultó ser un individuo siniestro: Agapito García Atadell, quien se hizo famoso en Madrid al inicio de la guerra civil como jefe de una de las Brigadas del Amanecer que operaban en la capital (también los de la FAI fueron maestros en "represión revolucionaria" y montaron, por ejemplo, una checa en el Cine Europa de la calle Bravo Murillo desde donde salían a dar paseos nocturnos y a llenar de cadáveres la Dehesa de la Villa). Estas pandillas -muy contentas de exhibirse armadas por la retaguardia y de no pisar el frente- aparecían de madrugada en los domicilios de la gente "de derechas" para dar el paseo a sus moradores y, de paso, "requisar" en su propio beneficio los bienes que encontraban en los registros de aquella casas.
Según se cuenta, Indalecio Prieto -que era ministro de la Guerra- dio la orden de detener al "compañero" García Atadell y a su cuadrilla, pero, quizá alertado, Atadell arrambló con todo lo que pudo y se fue a Marsella, desde donde tomó un barco con destino a Buenos Aires. Pero el buque hizo escala en Canarias y los franquistas (quizá avisados desde la zona republicana) lo sacaron del navío y lo tomaron preso.
Sabemos a través de Koestler (autor de El cero y el infinito), entonces encarcelado por los franquistas en Sevilla, que García Atadell estuvo en aquella cárcel y allí le dieron garrote. Probablemente, sus restos reposen en alguna fosa común de algún cementerio sevillano y ahora podrían ser exhumados... ¿Con honores?
¿Por qué no aceptamos la verdad de una puñetera vez? La inmensa mayoría de la derecha española renegó de la democracia durante la República y, desde luego, durante la guerra... Pero es que la izquierda, en gran parte, hizo lo mismo, tomando la deriva "revolucionaria". En cualquier caso, una guerra civil no es el mejor momento para la defensa de los derechos civiles ni para la discusión civilizada... "Es la hora de los hornos y no se ha de ver sino su luz", ¿recuerdan?
En fin, que entre tanto ruido se ha impuesto, al fin, una consigna según la cual "el PP se niega a reconocer la sangrante realidad de las fosas" (sic). Se llega así al último mensaje. Éste ya en clave electoral.
Mensaje nº 4: La derecha española es heredera y añorante del franquismo.
¿O sea, que casi la mitad de los votantes españoles prefieren el franquismo? No sé si los ideólogos que sostienen tal mensaje y tal barbaridad, son conscientes del disparate que perpetran con este tipo de propaganda sectaria.
Mas debo decir, para concluir, que somos muchos los que -hartos de simplificaciones- nos negamos a que la izquierda se reduzca a ser la mera expresión de una aversión, la aversión a una derecha a la que visten de maniqueo sin ningún rigor intelectual.
Joaquín Leguina es economista.
miércoles, 25 de febrero de 2009
El Guernica en El Prat
No, la pintura no se ha hecho para decorar las casas. Es un instrumento de guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo. Pablo R. Picasso (1944).Se celebra estos días una exposición en El Prat (Museu del Prat, Plaza Pau Casals s/n) sobre El Guernica. Se presenta como denuncia de la barbarie que las guerras ocasionan y como símbolo de la paz. El bombardeo de la ciudad de Gernika fue como el puñetazo con el mundo se despertó a la Guerra Civil española. La Guerra fue el gran acontecimiento del periodo de entreguerras para la conciencia mundial. Inscrita dentro de las luchas políticas y sociales de la Segunda República española se convirtió en una lucha fratricida y al mismo tiempo en el campo de batalla entre las grandes ideologías que dominaban la Europa de entonces.
EL Guernica es la respuesta de la República al bombardeo de la ciudad vasca por la Legión Cóndor alemana. Picasso (biografía) se hizo cargo de buscar imágenes que respondiesen al horror de la guerra. El resultado, el famoso cuadro, se expuso en el Pabellón de la República en la Exposición Universal de 1937 en París.El Pabellón diseñado por Josep Lluís Sert reunía un conjunto de obras de artistas de la época, como Joan Miró, Julio González o Alexander Calder.
Cuando Picasso pintó el cuadro, una nueva mujer entraba en su vida, Dora Maar. Sin duda, la relación de Picasso con sus distintas mujeres nos permite recorrer la historia de su creación artistica, ver la impronta que cada una de ellas dejó en su obra. Dora Maar, fotógrafa, asistió al proceso creativo del Guernica y nos dejó una buena colección de fotos.
Merece la pena realizar un paseo general por las obras de Picasso.
No es difícil buscar el significado de las diferentes imágenes que aparecen en el Guernica, (análisis detallado) aunque como el propio Picasso señaló a veces basta con dejarse llevar.
Como complemento, es interesante volver a la película de Alain Resnais. Guernica (1950) Part 1. Part 2.Todo el mundo quiere comprender la pintura. ¿Por qué no intentan comprender el canto de los pájaros? ¿Por qué a la gente le gusta una noche, un flor, todas las cosas que rodean al hombre sin tratar de comprenderlas? En el caso de la pintura, en cambio, se quiere comprender. Que comprendan sobre todo que el artista obra por necesidad (...) Quienes intentan interpretar un cuadro, casi siempre se equivocan.Pablo R. Picasso , 1935.
Información complementaria:
lunes, 26 de enero de 2009
26 de enero de 1939. Cómo recibió Barcelona a Franco
Alocución radiofónica a los barceloneses del general Juan Bautista Sánchez, a las 19 horas del jueves 26 de enero de 1939:
He asistido a la conquista de las cuatro provincias del Norte; he paseado la bandera nacional y el escudo de Navarra por Aragón, por Castellón, por todas partes, y en ningún sitio, os digo, en ningún sitio nos han recibido con el entusiasmo y la cordialidad que en Barcelona.
González Ledesma, recordando para El País, 26.01.09. Entonces tenía 11 años:
En la plaza de Cataluña había mucha gente con el brazo alzado. Pero en el Paralelo la gente guardaba silencio y lloraba. Sabíamos que habíamos perdido la guerra y que estaba perdida para siempre.El periodista Herbert Matthews enviado del Times dejó escrito:
«Por amor a la República y a la democracia se debió combatir por Barcelona. (…) Había razones suficientes para la caída de la ciudad y sin embargo suscita resentimiento que los catalanes, a diferencia de los castellanos de Madrid, de los polacos de Varsovia y de los rusos de Estalingrado no escribiesen una página heroica para consignarla en la historia».Y en su última crónica en el Times, sobre la Barcelona republicana.
A las dos de la madrugada la ciudad tenía el carácter irreal de una pesadilla. Prácticamente todos los coches se habían marchado. Cientos de miles de habitantes estuvieron en busca de refugio por los bombarderos que mantenían su enloquecedora ronda hora tras hora.
El metro de Plaza Cataluña era una extraordinaria escena de miseria y compasión. Hombres, mujeres y niños tumbados en medio de una fétida atmósfera sin nada que comer y nada que hacer excepto esperar: esperar salvar sus vidas.
Jordi Maragall, padre, en sus diarios, en 1941:
«Pocos días después vino la liberación de Barcelona, que coronó con su extrañeza el cúmulo de cosas extraordinarias que nos venían sucediendo. Estuvimos varios días sin clara conciencia de nuestra situación y por fin el 3 o 4 de febrero de 1939, Basi [la esposa] y yo nos instalamos en esta casita de Ernest [hermano], en la que puede decirse que empezamos una nueva vida, con los dos niños y con gran paz y tranquilidad.»De entonces, queda en Barcelona esta calle: Calle 26 de enero. Desde 1980 se llama, 26 de enero de 1641, por una batalla de Montjuïc, del 26 de enero de 1641, donde parece que fue derrotado un marqués de Felipe IV.
Datos tomados de El País (26.01.09, sin enlace posible) y de aquí.
martes, 30 de diciembre de 2008
De vuelta a la guerra civil. Fijar las responsabilidades

Al contrario que con las fosas abiertas y cerradas -por la ley de la Memoria Histórica-, se podría sostener que hay hechos desenterrados y enjuiciados -las brutalidades de Franco, Queipo, Mola, la Falange...- y hay otras responsabilidades que aún quedan por establecer. Por ejemplo, las de la Internacional Comunista en las decisiones que condujeron a la matanza de Paracuellos, con la colaboración personal y material necesaria de miembros de la dirección del PCE, pero también Andreu Nin y otros numerosos casos. Dice J. M. Reverte:
Sin embargo, permanece en el aire una opinión generalizada que atribuye inocencia en torno a las posiciones de otros grupos políticos que, a lo más, cargan con la culpa de haber practicado una violencia ciega, espontánea y de respuesta, pero nunca de haber desarrollado esa violencia de forma científica y genocida. Dirigentes anarquistas y del POUM son, por lo general, los beneficiarios de esa benévola opinión generalizada.
Basta leer la prensa de la época para comprobar que desde Solidaridad Obrera o La Batalla se hacían llamamientos directos al exterminio de religiosos o de burgueses. Hay incluso testimonios que avalan que la FAI, la rama pistolera del anarquismo, tenía en Barcelona un plan sistemático de eliminación de personas antes de que se produjera la sublevación del 18 de julio de 1936.
Es hora de poner en su sitio esta opinión tan viciada por su partidismo:El caso extremo es el de Paracuellos. Porque si bien parece ser incontestable que la iniciativa partió de un agente de la Internacional Comunista como Vitorio Codovila, uno de los creadores del V Regimiento, la decisión se concretó por un acuerdo entre las cúpulas del Movimiento Libertario y las Juventudes Socialistas Unificadas en la Junta de Defensa de Madrid. Las sacas de noviembre y diciembre fueron ejecutadas por orden de Amor Nuño, un joven anarquista presente en la Junta y alguien no identificado de las JSU, organización ya de obediencia comunista, que sólo podía ser Santiago Carrillo o su segundo, José Cazorla. A Segundo Serrano Poncela le tocó obedecer y poner en marcha la matanza. Esta responsabilidad está comprobada en el acta de la reunión del Movimiento Libertario de Madrid celebrada el 8 de noviembre, que tuve la fortuna de encontrar en los archivos anarquistas hace tres años.
Pero hay más: Melchor Rodríguez, el ángel de las prisiones, estuvo presente en esa reunión, y no figura su opinión al respecto. Lo que sí sabemos es que fue destituido oportunamente por su jefe, Juan García Oliver, ministro de Justicia del Gobierno de Largo Caballero, seguramente porque no mostraría su acuerdo con las matanzas proyectadas. Rodríguez fue repuesto en su cargo el día 6 de diciembre, cuando las sacas se terminaron. García Oliver estuvo, por tanto, informado de que se iba a proceder a la matanza, aunque en sus memorias, repletas de fantasías y tardías justificaciones, intentara echar toda la responsabilidad sobre dirigentes como Margarita Nelken.
El antiguo líder de las juventudes socialistas (Carrillo) quedará para la historia como uno de los principales responsables de la matanza de Paracuellos, de los intentos de volver a la guerra civil (¡qué vocación!) mediante el maquis, y también de la liquidación de bastantes camaradas que pudieran hacerle sombra, según su camarada Líster y más testimonios.Como no menos viciada es esta otra:
Pero en un momento de tantas carencias y tanto desorden, ¿cómo organizar una comitiva para que se llevara los presos? Era más fácil que los liquidaran. Y no creo que fuera difícil convencer a los milicianos. Paracuellos fue terrible, pero lo entiendo. El pánico era demasiado grande y el peligro de tener tantos oficiales enemigos dentro era indiscutible. Se les había dicho que se pasaran a los republicanos, y se negaron.Aquí está ejemplarmente explicado el caso de Paracuellos.
jueves, 6 de noviembre de 2008
L'òmnibus de la mort, estiu del 36
Ahora que tan de actualidad está la llamada memoria histórica es buen momento para hacer recuento de algunos hechos: El 13 de setembre de 1936 va arribar a Falset un autobus de color negre amb unes calaveres pintades. Davant l’estupefacció de tot el poble, en van baixar una quarantena d’homes mal afaitats i armats fins a les dents. L’endemà van sortir al balcó de l’Ajuntament per anunciar la mort de vint-i-set veïns en nom de la Revolució.
L'òmnibus de la mort: parada a Falset (Ara Llibres), Toni Orensanz.Entre finales de julio y finales de octubre de 1936, la Brigada de la Muerte, formada por miembros de la FAI, se puso en marcha para hacer limpieza: quienes se opusieran a la colectivización de tierras, carlistas y republicanos, miembros del somatén, afiliados a sindicatos de derechas, gentes de oración y misa. El líder de la brigada era un tal Fresquet, Pascual Fresquet Llopis, albañil de Sants, 31 años, pistolero de la FAI, gran pistola al cinto, conquistas sexuales hiperbólicas, narcisista con ansias de poder, según Orensanz. Se distinguió en la lucha contra los militares sublevados el 19 de julio en Barcelona. La columna Ortiz, a la que pertenecía, le ordenó limpiar la retaguardia.
El ómnibus de la Brigada y sus 40 hombres, con la calavera cosida al gorro y al pecho, recorrió una veintena de poblaciones de Cataluña y Aragón. La Brigada de la muerte fusiló a 247 personas: Casp, Favara, Maella, Gandesa -29 fascistas abatidos de noche, junto al cementerio-, Falset -27 personas, 18 de la Federació de Joves Cristians-, Mequinensa, Albalate, Calanda, Samper de Calanda, Híjar, Bot, Flix, Ascó, Riba-roja, Móra d'Ebre y Reus. Se calcula que en Cataluña fueron 8.000 los ejecutados en la retaguardia, 6.000 entre julio y septiembre del 36.
A principios de mayo de 1937 Fresquet ingresó en el ejército como jefe de la Policía Sanitaria. Al acabar la guerra se exilió en Marsella, la Marsella de Petain. El periodista escritor ha contactado con los dos hijos de Fresquet, uno de ellos sigue viviendo en la casa familiar de Hospitalet, candidato a las municipales por CiU. Fresquet murió de cáncer en 1957, no sin antes casarse con la novia de su hijo, a la que conoció cuando éste le visitó en el sur de Francia en 1947. Murió asistido por un capellán.
Hay cosas discutibles, sin embargo, en la confección ideológica de este libro. Las cautelas, las justificaciones, las excusas, la cobardía. Estas declaraciones de Orensanz:
1."He aprendido a huir del bien y del mal como absolutos. El momento histórico pesa. Y ese verano la legitimación de la violencia era más amplia de lo que creemos, Fresquet creía estar haciendo lo que se tenía que hacer".
2. Su tío abuelo, libertario, conoció a Fresquet, en la mañana del 14 de septiembre compartió con él el balcón del Ayuntamiento donde se pronunció un discurso. La familia lo sabía, pero de eso no se hablaba. Una amnesia forzada, 40 años de propaganda franquista, "una amnesia que sólo sirve para seguir ensuciando los nombres de gente honesta como Lluís Martí, del comité local, fusilado por los franquistas en 1939".
3. ¿Quién de Falset hizo la lista? Si lo digo, me parten la cara. La guerra y su antepasado han sido y son aún una herida honda mal cerrada. No aportaría nada hurgar en la herida.
Frases de los comentaristas de este libro:
1. Unas alocadas cuadrillas de incontrolados se lanzaron a "limpiar" de "fascistas" la retaguardia republicana.
2. Hoy existe una tendencia a considerar que en ambos lados se cometieron abusos, por lo que los dos lados son igualmente responsables, y que lo más conveniente es hacer tabla rasa de ese triste pasado. No hay que mezclar churras con merinas.
3. Orensanz le ha dado un toque ciertamente novelesco a una historia verdadera.
4. Hi havia franquistes arreu de Catalunya, i partidaris del cop d’estat abans del juliol del 36. És coneguda l’existència d’una trama civil, però a Catalunya fracassa i no sabem quina era la seva organització.
5. Evidenment en Fresquet era un immigrant español, dels que varen colonitzar el barri de la Torrassa d'Hospitalet on del 1900 al 1930 varen passar de 300 hab. a 21.000, tots murcians i extremenys morts de gana.
6. Hasta que los dirigentes de la CNT condenaron las atrocidades de Fresquet y otros "incontrolados" como él como contrarias al espíritu revolucionario.
7. Fins i tot quan Orensanz ens informa d’això deixa clar les relacions entre la Brigada de la Mort i la Columna d’Ortiz i ens informa de les gestions de la Regional catalana de la CNT i del Consell d’Aragó per tal d’acabar amb aquella patuleia que, un cop desactivats com a Brigada de la Mort, no van ser allunyats de càrrecs de responsabilitat en l’estructura militar republicana sinó tot el contrari.
havia al poble en homenatge als caiguts del 1936. L’acció va ser el detonant de l’edició d’un anònim que va circular per tot el poble on s’hi relataven alguns dels fets protagonitzats per l’anomenada Brigada de lamort el dia 13 de setembre del 36. «El primer que vaig fer va ser preguntar als historiadors què sabien de l’autobús de la mort. I la sorpresa va ser que ells no en tenien cap constància».
9. Probablement serà manipulat per aquells que cercaran en el ponderat treball d’Orensanz el referent bibliogràfic que no poden emprar explícitament, el Falset bajo el signo de los rojos.
10. “A Falset la meua família és considerada de tradició republicana i descobrir que el meu besoncle estava entre els assassins em va copsar. Continuen manant els guanyadors, ja que molts dels polítics d’avui en dia, siguen del partit de siguen, són fills i néts d’antics dirigents feixistes. Les classes dirigents s’adapten als temps per continuar al poder”.
11.Durant la Segona República el noranta per cent dels treballadors de la Torrassa estaven afiliats a la CNT. La repressió policial abans, durant i després de la dictadura de Primo de Rivera va ser, simplement, brutal. No és estrany, doncs, que el 1933, després de la victòria de la dreta a les eleccions generals i tenint en compte que el comunisme llibertari ja havia arrelat en diversos llocs de l'Aragó, la Rioja i Catalunya, a la Torrassa triomfés la revolta anarcosindicalista. És aquí on es va forjar l'esperit justicier de Fresquet.
viernes, 9 de mayo de 2008
La situación política española tras 1934
A partir de la revolución de 1934 -revolución socialista en Asturias, proclamación de
Las Derechas:
Las Izquierdas:
El PSOE, que entre sus dos almas la de Besteiro e Indalecio Prieto y la de Largo Caballero, el Lenin español, como se le decía, fue optando por las ideas revolucionarias de este último,
El PCE, cuyo programa en ese momento era el Frente popular contra el fascismo (Hitler había tomado el poder en 1933).
PUNTOS PROGRAMÁTICOS DE FALANGE ESPAÑOLA. 1934
“1.- Creemos en la suprema realidad de España. Fortalecerla, elevarla y engrandecerla es la apremiante tarea colectiva de todos los españoles...
2.- España es una unidad de destino en lo universal... Todo separatismo es un crimen que no perdonaremos.
3.- Tenemos voluntad de Imperio. Afirmamos que la plenitud histórica de España es el Imperio. Reclamamos para España un puesto preeminente en Europa...
4.- Devolveremos al Ejército de Tierra, Mar y Aire toda la dignidad pública que merece, y haremos a su imagen, que un sentido militar de la vida informe toda la existencia española.
5.- Nuestro Estado será un instrumento totalitario al servicio de la integridad de la patria. Todos los españoles participarán en él a través de su función familiar, municipal y sindical. Nadie participará a través de partidos políticos. Se abolirá implacablemente el sistema de partidos políticos con todas sus consecuencias.
6.- Concebimos a España, en lo económico, como un gigantesco sindicato de productores. Organizaremos corporativamente a la sociedad española mediante un sistema de sindicatos verticales por ramas de producción...
7.- Repudiamos el sistema capitalista... Nuestro sentido espiritual y nacional repudia también el marxismo...
26.- Falange Española de las JONS quiere un orden nuevo, enunciado en los anteriores principios. Para implantarlo, en pugna con las resistencias del orden vigente, aspira a la revolución social...”
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lunes, 24 de marzo de 2008
La retórica extremista (Antony Beevor)
Son muy clarificadoras algunas de las respuestas de Antony Beevor en una reciente entrevista en El País.

Entresaco estas opiniones:
¿Cómo se pudo meter España en una guerra civil cuando los que querían guerra eran muy pocos? La mayoría de la población no quería la guerra pero se vio forzada por los extremistas de ambas partes.
Ningún país ha sufrido más que España a causa de la retórica extremista. La retórica de Calvo Sotelo o de Largo Caballero. Algunos dicen que las palabras no matan, pero yo no lo creo. Las palabras matan, pueden matar.
Y este diálogo:
P. La derecha nunca consideró oportuno condenar el golpe.
R. Como la izquierda, que no condenó el golpe de 1934.
P. ¿Tenía que haberlo hecho?
R. Sí, si eso hubiera sido significativo. El debate sería mucho más honesto si la izquierda también aceptara sus errores.
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Ejercicio asociado.











